Jacaranda, Lionel Casset, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Cuando llega marzo, ¡México se convierte en un mapa gigante pintado con crayones de colores! Este mes no sólo se caracteriza por el calorcito que empieza a sentirse y que invita a salir a jugar, sino también porque los árboles y las plantas se ponen sus "mejores vestidos". De esa manera avisan que la naturaleza está de fiesta.
Las jacarandas de la Ciudad de México
Si caminas por la capital del país, verás que las calles se tiñen de un morado mágico. Son las jacarandas, unos árboles cuyas flores crean alfombras violetas al caer. ¡Parece un cuento de hadas! Su nombre científico es Jacaranda mimosifolia.
La primavera de Guadalajara
También conocido como Primavera (Tabebuia donnell-smithii o Roseodendron donnell-smithii), este árbol es el protagonista en la ciudad de Guadalajara. Sus flores son de un tono amarillo tan brillante que parece que el sol vive en sus ramas.
Primavera, Daniel Rodríguez Mendoza, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Dalia, Valeria Bravo, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
La dalia, nuestra flor nacional
Aunque hay muchas flores hermosas, la dalia (Dahlia spp.) es muy especial porque es originaria de México y se le considera un símbolo nacional. Hay una variedad asombrosa de ellas, ya que pueden encontrarse ejemplares en casi cualquier color: rojo intenso, rosa tierno, amarillo brillante, blanco, naranja, morado, entre otros.
Guayacán, Francisco Miguel Farriols Estrada, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
A veces, la naturaleza nos juega bromas que pueden confundirnos. En Jalisco hay dos árboles muy similares. El que mencionamos antes, Primavera, posee flores grandes y abiertas que parecen pompones de oro. ¡Están tan apretadas que casi no dejan ver las ramas de las que cuelgan! Sus hojas son pequeñas y tienen forma de mano. Sin embargo, también existe el guayacán amarillo (Tabebuia chrysantha), que es más alto y tiene hojas más elaboradas y gruesas, con flores pequeñas y agrupadas.
Por cierto, en Guerrero existe un árbol parecido. La gente lo llama Lluvia de oro y la ciencia lo denomina Cassia fistula. Aunque es de un color amarillo brillante, sus flores son más "presumidas": cuelgan hacia abajo como si fueran cascadas de luz que el viento mece suavemente. Incluso podría confundirse con la jacaranda amarilla.
Lluvia de oro, Alison Enriquez, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
¿Conoces algún árbol cuyas flores hayan tenido un significado profundo en la época de los mexicas? ¡Sí existe! Se trata del cacaloxóchitl, cuya denominación científica es Plumeria rubra y popularmente se conoce como Flor de mayo.
Su nombre proviene de dos términos en náhuatl: cacatl ("cuervo") y xochitl ("flor"). En español, cacaloxóchitl significa "flor de cuervo". Para los antiguos mexicas no era sólo un adorno, también representaba conceptos muy importantes, como la vida, la muerte y el renacer.
De aspecto pequeño, esta flor se llena de colores durante la primavera y así pinta el paisaje de blanco, amarillo o rosa. Posee características medicinales, pues el látex, la sustancia lechosa que emana de su corteza y de su tronco, se utiliza en la curación de heridas, verrugas, problemas de la piel, dolores de cintura, asma y otros padecimientos.
Cacaloxóchitl, Monserrat Marin, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Aretillo, Maribel Armenteros, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
¿Te has fijado que en la naturaleza hay plantas que parecen sacadas de un cofre del tesoro? ¡Hay varias! Una de ellas es el aretillo (Fuchsia hybrida), conocida en algunos países como Pendientes de la reina. Se caracteriza porque sus flores cuelgan hacia abajo y tienen colores increíbles, como el rosa, el morado y el fucsia. ¡Parece que el arbusto lleva puestos sus propios aretes! Le encanta vivir en la sombra, aunque no le gusta mucho el frío extremo.
Otra planta muy especial es la tronadora (Tecoma stans). A diferencia del aretillo, a ésta le encanta tomar sol. Además, es muy valiente, pues aguanta mucho tiempo sin ser regada y es resistente a las sequías. Se puede encontrar fácilmente en las calles de la Ciudad de México, Chiapas y Yucatán, incluso nace en el norte del país. ¡Es una flor muy viajera!
Tronadora, Jrebman, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Flor de palma, Rocio Reybal, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
En el desierto de Coahuila, hay dos plantas que parecen hermanas: la flor de palma (Palma Pita [Yucca filifera], flor de izote o chocha) y la de yuca. Ambas son blancas y parecen campanitas de cera. Aunque son diferentes, las personas las valoran de igual manera, porque con ellas se preparan platillos deliciosos, especialmente en temporada de cuaresma; ejemplo de ello son las tortitas de huevo con caldillo de jitomate. Asimismo, se utilizan para acompañar las ensaladas.
Por otro lado, en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas se puede apreciar el cenizo (Leucophyllum frutescens), un arbusto nativo del norte del país. Suele encontrarse en zonas áridas y semiáridas, enraizado en suelos arenosos y rocosos. De él surgen unas pequeñas flores con forma de campana cuyo color varía del violeta hasta el rosa púrpura.
Cenizo, Eglantina Canales, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Cada estado de nuestro país tiene una "superheroína verde", es decir, una planta especial que resulta útil a las personas o que cuenta leyendas antiguas. A continuación se mencionan algunos casos.
Yucatán y el "oro verde"
El henequén (Agave fourcroydes) es una planta que usualmente florece hacia el final de su ciclo de vida. Se ha usado desde épocas prehispánicas (especialmente por los mayas) debido a que sus pencas, al ser largas y fuertes, sirven para producir fibras naturales y convertirlas en cuerdas, costales o artesanías. ¡Es el símbolo de la fuerza maya!
Henequén, Isaac Chacón, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Chicozapote, Arturo C. Mendoza, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Quintana Roo y el chicle
En la selva de este estado vive el árbol chicozapote (Manilkara zapota). De sus flores pequeñas, solitarias y perfumadas, ya sean blancas o de color crema, surge un fruto comestible similar a la ciruela. Además, al cocer y deshidratar su resina se genera una goma biodegradable, aromática y comestible, valorada desde la época de los mayas. ¡Es el chicle! Gracias a ello, los árboles de chicozapote son protegidos por los denominados chicleros, guardianes que se encargan de cuidar la selva tropical. ¿A ti te gusta el chicle?
Morelos, el estado de las flores
En este estado, las bugambilias (Bougainvillea glabra) crecen por todos lados; se encargan de dar pinceladas de color fucsia, magenta, morado, lila, rojo, naranja, blanco y amarillo a las calles. No es extraño que en esta entidad se ubique Cuernavaca, la Ciudad de la Eterna Primavera, llamada así no sólo por las bugambilias, sino por toda la diversidad de flores que crecen en ella.
Bugambilia, Hazel Bermúdez, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
El colorín (Erythrina coralloides) es nativo de México. Ha evolucionado durante miles de años junto con los colibríes locales. Durante la primavera, la relación entre dicha planta y los picaflores es una de las más bellas de la naturaleza mexicana. Sus flores tienen una forma tubular y alargada. Este diseño no es casualidad: está hecho a la medida del largo y delgado pico del colibrí. Como sus flores producen grandes cantidades de néctar, cuando esos pajaritos (que tienen un metabolismo acelerado) encuentran un colorín en flor, hallan un bufet de energía. Esto ayuda a completar una fase de la polinización, porque mientras esas pequeñas aves introducen su pico en las flores, su frente se impregna de polen. Al visitar otras plantas y esparcir ese polvo, colaboran en un importante ciclo reproductivo en la naturaleza.
Este árbol florece principalmente entre febrero y abril. En lugares como la Ciudad de México es común ver ejemplares de colibrí berilo o colibrí pico ancho peleándose por el territorio de un colorín.
Colorín, Atta0798, licencia CC BY-NC/iNaturalistMX
Amaryllis
Como has visto, la naturaleza no siempre sigue un calendario fijo. Aunque la primavera es la gran época del renacer (cuando el sol y el calor despiertan la savia de las plantas), cada especie tiene su propio momento de brillar.
Desde las flores que esperan las lluvias del verano para estallar en color, hasta el cempasúchil que anuncia el otoño o la nochebuena que ilumina el invierno, la floración es un ciclo continuo de vida y de reproducción. Este proceso no sólo embellece el entorno, sino que también marca el regreso de especies migratorias y el despertar de los animales que hibernan.
Cuando te detengas a admirar un árbol que florece recuerda que no es un simple adorno: es un testigo vivo de nuestra historia, un ingrediente de la gastronomía nacional y una parte importante de la magia de vivir en México. ¡Sigamos cuidando y valorando nuestra riqueza natural!
Cuéntanos cuál es la flor que predomina en tu comunidad, de qué color es, cómo huele, si es comestible o medicinal, y qué fauna la visita.
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